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12.4.10

Agnosticismo vs Ateísmo


o son pocas las personas que conozco (y coincidencialmente son de aquel grupo de amigos inteligentes que tanto aprecio) a los que les he escuchado decir lo siguiente: es imposible ser ateo, por la concepción misma de la palabra, ya que todos tenemos al menos la noción de dios y por tanto solo quien desconoce completamente esa idea podría serlo. Por tanto solo un anacoreta perdido en la montaña. Tengo que aceptar que cuando me lo dijeron por primera vez me cogieron desprevenido y me hicieron dudar y mucho. Pero como la duda es el combustible del pensamiento finalmente logré definirme. He aquí en palabras lo que andaba en forma de idea desde aquellos tiempos de colegio.
Me parece que esa negación del ateísmo es ahogarse en un existencialista vaso de agua. Es un problema de nomenclatura y nada más. Estamos limitados por el lenguaje, como alguien que no recuerdo quién, ya dijo. Por tanto el lenguaje en sí está limitado, porque nada que te limita puede ser infinito. Y es obvio, natural y hasta necesario que esté limitado, de no la comunicación sería impracticable. La comunicación es el requisito indispensable para una sociedad, y es esta sociedad la que extrae como de una mina los términos, que vienen a ser acuerdos, con los que decide intercambiar sus ideas. Como acuerdos, porque son comunes para todos aunque muchos de ellos no satisfagan a la totalidad de la población. Porque si resulta que a mí no me gusta la palabra garrapata, no me queda más que usarla cuando desee referirme a aquel espantoso animal, a menos que decida memorizar enciclopedias para poder decir con veinte palabras dificilísimas lo que con una basta y sobra. Con el término ateo no podía ser diferente. De una sociedad que ha sido perdidamente religiosa y que ha representado el absoluto con la idea de dios, sólo se podía definir la actitud contraria a su adoración por medio de la negación. No se podía decir por ejemplo para-teo, porque eso hubiera admitido la existencia de una divinidad paralela, tal vez representable como el vacío. Esto es, por un lado dios y sus “teos”; y por el otro la nada, el vacío y sus respectivos seguidores. Si la sociedad se hubiese estructurado así cabría la discusión de la propiedad o no del término ateo. Si la sociedad se hubiese estructurado así tendrían toda la razón sus detractores. Pero como no ocurrió así, como el monolito de dios se alzó acaparador sobre las mentes e instituciones humanas (porque hasta la época comunista desconozco de cualquier líder importante que haya dicho sí yo soy ateo, carajo. Sería interesante investigar este tema en particular.), no queda más que utilizar las herramientas que los mismos a quienes nos oponemos forjaron. A "epistemólogos" y existencialistas se les puede regalar el término ateo, y de paso todo el diccionario, y seguramente y con argumentos los destriparán y refundirán cientos de veces, pero se olvidan siempre que por sus propias doctrinas sus aseveraciones quedan en vanas interpretaciones u opiniones. El agnosticismo es la duda (si bien tirando a negación) y el actuar-como-si-no, mientras que el ateísmo es la firme convicción de que cuando nos morimos termina la fiesta, y eso se sale de la jaula que cuatro letras le puedan poner.

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